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domingo, 26 de julio de 2015

Cosas en las que somos el espejo de nuestros hijos.

Los padres somos el espejo en el que se miran nuestros hijos y ellos nos devuelven nuestro reflejo nos guste o avergüence lo que veamos.
Queramos o no, seamos conscientes o no… tenemos un impacto indudable en nuestros hijos, es imposible no tenerlo. ¿Vale la pena tomar consciencia y decidir responsablemente qué impacto quiero tener con mis hijos? ¿Nuestros hijos se merecen que nos preparemos para dar lo mejor de nosotros mismos como padres y madres? ¿Queremos aprovechar la oportunidad de ser padre o madre para crecer como personas?
En un ambiente familiar de reproche continuo, aprendemos sin saberlo a condenarlo todo. Si de niños, día tras día, se nos hace continua represión por los fallos que necesariamente cometemos aparecen llagas permanentes que hacen que cualquier roce nos incite, nos duela y dificulte discernir entre lo bueno y lo malo, lo grande y lo pequeño llevándonos a la generalización de condenarlo todo.

El virus se nos mete en una temprana edad en la que todavía no tenemos la capacidad racional para calibrar los juicios oportunos, desproporcionados e infundados de nuestros padres. Al crecer y hacernos adultos, el inconsciente “nos puede” y “devolvemos” lo recibido en forma de crítica improductiva y destructiva. Esta condena generalizada cierra el diálogo e impide que aprendamos de los errores necesarios para llegar a conocer y dominar las cosas.

En un ambiente familiar de continua hostilidad, gritos y amenazas, aprendemos sin saberlo a hostigar todo y a todos. La agresión psicológica constante es tierra de cultivo para el resentimiento, el odio, la rebeldía y el temor, por ser una fuente constante de desequilibrio psíquico.
En tal contexto aprendemos que el temor que podamos provocar a los otros es la vía para alcanzar nuestros propósitos y si llegamos a ostentar un puesto de poder puede convertirse incluso en cinismo.
Pasamos de fieras acorraladas a fieras que acorralan, revanchismo puro y duro, lejos del diálogo constructivo y del sentido comunitario.



Los padres somos el espejo de nuestros niños y niñas

sábado, 18 de julio de 2015

Madres - Disciplina con amor



Disciplinar a tu hijo no significa castigarlo sino ayudarle a diferenciar –con mucha paciencia– lo correcto de lo incorrecto. Sabemos que cuando se presenta una situación difícil como una pelea entre hermanos o en la escuela, actuar impulsivamente es el modo más sencillo de reprimirlo, pero si reflexionas un poco, verás que esa es una oportunidad de guiarlo hacia un comportamiento apropiado.
A pesar de que el mal humor o el cansancio quieran ganarte, haz un esfuerzo y en vez de darle una advertencia o amenaza, bríndale la guía que necesita para hacer algo positivo y promover el respeto por sí mismo, por ti y los demás.
  • Los niños imitan a los adultos, si tú o quienes están con él tiene un buen comportamiento, entonces él también lo tendrá. Por ejemplo, si quieres que diga “gracias” o “por favor”, en lugar de regañarlo u obligarlo a decirlo, asegúrate de usar esas palabras cuando esté presente
Háblale con respeto
  • Es más probable que te escuche si le hablas sin gritos, sólo utilizando voz firme y haciendo contacto visual
Dile las cosas en positivo
  • En lugar de regañarlo por lo que no quieres, dile lo que esperas de él, asegúrate de incluir frases como “acaricia al perro con suavidad” en lugar de “¡No toques al perro de esa forma!”, o “Por favor, siéntate” en vez de “¡No te pares en la silla!”
Establece límites pero sin asfixiarlo
  • No esperes a que se acostumbre a ellos de la noche a la mañana pues fijar las reglas de la casa es una tarea que requiere tiempo y paciencia. En las que debes esmerarte más, son en las que tienen que ver con su seguridad, como no correr en la calle o no pegarle a los demás. Además, evita darle una larga lista de “No toques” y mejor mantén fuera de su alcance los objetos que pueden ser peligrosos para él
Recompénsale lo positivo
  • La conducta deseada de tu hijo continuará e incluso se incrementará si recibe atención de tu parte por ello, no escatimes en elogios como “Gracias por compartir ese juguete con tu hermana” o “Wow, ¡pusiste tu taza en la mesa!”
Evita regañarlo si estás cansada, enojada o de mal humor
  • Intenta primero relajarte y pensar con calma lo que le dirás, de lo contrario el efecto en su conducta no será el que esperas
Recuerda que es un niño
  • No pretendas que sepa cómo actuar si no le ayudas a aprenderlo, es importante que consultes algunos libros o textos que hablen del desarrollo de tu hijo, para entender algunas de sus conductas y buscar alternativas creativas que fomenten una crianza feliz
No olvides que el amor y la paciencia son las claves
  • Procura demostrarle cuánto lo quieres y darle a entender porqué existen esas reglas y la razón para aplicarlas; resáltale cuánto te importa y explícale que éstas son necesarias para su independencia, que se basa en tener libertad pero con los lineamientos adecuados.